Videojuegos y educación (2)
El supuesto efecto que los videojuegos tienen sobre la mente de nuestros hijos y, por supuesto, sobre la nuestra –y podría valer también esto para la TV– , estará determinado por la interpretación que nuestro pensamiento haga de ello.
La mente no es un almacén vacío donde, a través de los sentidos, se almacena lo que percibimos. Y nuestra personalidad NO es la consecuencia de la repetición mecánica de lo que tenemos en nuestra cabeza.
La mente, antes de recordar, procesa la información. Es más, con la información y estructuras mentales que tenemos ya en nuestra cabeza, bajo lo que llamamos “personalidad”, modificamos nuestra percepción de las cosas –incluso a extremos increíbles- ANTES de procesarlas definitivamente para almacenarlas e integrarlas de nuevo en nuestra personalidad.
Por tanto, ese verso del peor poeta español –según algunos críticos- que dice “nada es verdad ni es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira” es una verdad como un puño.
Cuando nuestros o nosotros mismos jugamos con un videojuego, sacaremos de ello aquello para lo que nuestra personalidad esté preparada. Por el hecho de pegar unos tiros en un juego de “shot’m all” no vamos a ir corriendo a una armería a buscar cómo repetirlo en la vida real –eso lo admiten todos- .
Tampoco vamos a llegar a pensar siquiera en que si se pudiese –sólo si se pudiese, claro- hacer algo así en la vida real, obtendríamos algún tipo de placer…. Jugar con un videojuego en el que circulas a toda velocidad por una ciudad no te hace cuestionarte las reglas de circulación….Una mente, por baja preparación que tenga, distingue perfectamente la realidad de la ficción.
Si no fuésemos capaces de ello habría que prohibir muchos libros de buena literatura, incluyendo algunos otros “inocentes” que están lejos de toda sospecha (A ver si no que lección sacaríamos de la lectura de Pulgarcito, al que sus padres –a quienes no se cuestiona en absoluto-, por no poder dar de comer a su querido aunque extraño hijo, lo abandonan a su suerte en medio de un bosque para que se lo coman las alimañas).
Así que nuestra tarea como tutores y educadores de nuestros hijos no debería estar en el control de qué información reciben. Posiblemente, esa sea una tarea imposible. En vez de ello, deberíamos centrar nuestros esfuerzos en ayudar a la formación de una mente capaz de mirar las cosas de manera “inteligente”, disfrutando al máximo de las cosas pero sacándoles el máximo jugo posible. Una mente bien estructurada puede “ver” de otra manera, posiblemente más activa, sacando consecuencias de lo que percibe, estableciendo reglas, conociendo las excepciones, distinguiendo realidad de fantasía, imaginando alternativas…..
(próximamente, las conclusiones)


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